Culiacán, Sinaloa; a 13 de septiembre de 2026.- Globos blancos en el cielo, fotografías de personas ausentes, pancartas y cientos de ciudadanos caminando por una de las principales avenidas de Culiacán marcaron este domingo una jornada de exigencia y esperanza.
A dos años de la escalada de violencia que ha impactado a Sinaloa, ciudadanos salieron a las calles bajo la consigna “Sinaloa, ponte de pie”, para pedir que la paz deje de ser solamente una aspiración y vuelva a formar parte de la vida cotidiana de las familias.
La movilización comenzó desde las 7:00 de la mañana sobre la avenida Álvaro Obregón, donde el obispo de la Diócesis de Culiacán, monseñor Jesús José Herrera Quiñónez, ofició una misa ante cientos de asistentes.
Durante su mensaje habló de las heridas que ha dejado la violencia entre familias que han perdido a sus seres queridos, madres que continúan buscando a personas desaparecidas y ciudadanos que han visto afectado su patrimonio y sus fuentes de trabajo.
El religioso llamó al perdón como una forma de evitar que el odio y la venganza sigan creciendo, aunque subrayó que reconciliación no significa impunidad.
“Perdonar no significa negar el daño o renunciar a la justicia. Quien ha quebrantado la ley debe ser llamado a cuentas. No puede haber impunidad si queremos paz”, expresó.
Después de la ceremonia religiosa, los asistentes soltaron globos blancos y comenzaron su recorrido por la avenida Álvaro Obregón rumbo a la Catedral de Culiacán.
Entre el contingente caminaron familias completas, niños, jóvenes y personas que cargaban fotografías de quienes han sido víctimas de la violencia o continúan desaparecidos.
Ya frente a Catedral, desde un templete comenzaron los testimonios.
Berenice López habló de su hijo Ricardo Misael, un adolescente de 15 años asesinado en Culiacán. Recordó que salió de su casa para comprar alimento para sus gatos y nunca imaginó que esa sería la última vez que lo vería.
Ricardo soñaba con convertirse en veterinario, estudiaba y jugaba basquetbol.
“Estamos cansados, estamos agotados, pero seguimos en la lucha. Los niños no se tocan”, expresó su madre, quien señaló que siete meses después continúa esperando respuestas de las autoridades.
También estuvo Grecia Arreola, madre que busca a su hijo Ramsés y a Ricardo Lechuga, desaparecidos desde el 28 de abril de 2025 en la sindicatura de Aguaruto.
Frente a los asistentes pidió que las familias afectadas puedan recuperar la tranquilidad que tenían antes de que la violencia transformara sus vidas.
Otro de los mensajes fue encabezado por Martha Reyes Zazueta, presidenta de Coparmex Sinaloa, quien alertó sobre el riesgo de que los asesinatos, desapariciones y familias destruidas comiencen a verse como algo cotidiano.
Dijo que el miedo está presente entre los ciudadanos, pero que resulta todavía más preocupante pensar que las nuevas generaciones puedan crecer creyendo que vivir de esta manera es normal.
“No estamos marchando contra nadie. Estamos marchando por la vida, por nuestros hijos, nuestras familias, por los que ya no están y por quienes siguen esperando regresar a casa”, manifestó.
Desde el sector educativo, el maestro Víctor Manuel Aispuro, director de la Escuela Primaria Sócrates, aseguró que caminaron por las madres que perdieron a sus hijos, por quienes todavía los buscan, pero también por comerciantes, trabajadores y familias que han sufrido las consecuencias económicas de esta crisis.
Aispuro lanzó además un reclamo a las autoridades para transformar los discursos en resultados y reiteró un mensaje que resonó entre los asistentes:
“Con los niños no”.
Una de las participaciones que generó mayor atención fue la de la estudiante Estefanía Juárez Briceño.
Desde el templete, la niña aseguró que la violencia ha modificado la manera en que muchos menores viven su infancia y señaló que ningún niño debería crecer sintiendo que el miedo determina hasta dónde puede salir, jugar o soñar.
“No queremos que el miedo decida cómo vivimos la infancia. Queremos que la esperanza y la paz marquen nuestro camino”, expresó.
El restaurantero Miguel Taniyama Ceballos también tomó la palabra y retomó la frase que identificó la movilización: “Sinaloa, ponte de pie”, al señalar que la ciudadanía busca recuperar la tranquilidad y dejar atrás el miedo.
Sin embargo, hacia el cierre de la jornada también hubo expresiones de protesta política.
Un grupo de asistentes quemó piñatas con las figuras de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y de la senadora Imelda Castro Castro, como una manifestación de inconformidad por la inseguridad que continúa registrándose en Sinaloa.
La marcha terminó frente a la Catedral de Culiacán después de una mañana en la que convivieron oraciones, testimonios, reclamos y llamados a las autoridades.
Pero entre todas las voces hubo una coincidencia.
Después de dos años marcados por homicidios, desapariciones, desplazamientos, negocios afectados y familias que han modificado su forma de vivir, cientos de ciudadanos decidieron salir este domingo a las calles para dejar un mensaje:
no quieren acostumbrarse a la violencia y quieren volver a vivir en paz.







