Culiacán, Sinaloa; a 05 de mayo de 2026.– La explanada del Ayuntamiento de Culiacán cambió de rostro este martes. Donde usualmente transitan funcionarios y ciudadanos para trámites, se instalaron asadores, mesas improvisadas y bocinas de banda sinaloense. El motivo: una reunión convocada por el chef Miguel Ángel Taniyama Ceballos que terminó convirtiéndose en un espacio de expresión social en medio de la crisis política del estado.
La concentración se dio tras la solicitud de licencia del gobernador Rubén Rocha Moya y del alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil, así como del vicefiscal Dámaso Castro Saavedra, en un contexto marcado por señalamientos desde Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado.
Desde la tarde comenzaron a llegar ciudadanos con carne, carbón y utensilios. El propio convocante aportó decenas de kilos —alrededor de 80— mientras otros asistentes sumaron cortes como rib eye, costillas, diezmillo y chicharrones. En cuestión de horas, el sitio se transformó en una convivencia abierta, con reparto gratuito de tacos, salsas y bebidas.
Sin embargo, el ambiente no fue únicamente festivo. La reunión sirvió como punto de encuentro para discutir la situación de inseguridad que ha golpeado a Culiacán y otras zonas de Sinaloa durante casi dos años, en medio de la confrontación entre grupos del crimen organizado.
Durante el evento, los asistentes coincidieron en que la salida temporal de los funcionarios no representa una solución definitiva, sino apenas un paso dentro de un proceso que deberá esclarecer responsabilidades. La exigencia de fondo fue clara: resultados en materia de seguridad y justicia.
Entre los presentes se observaron perfiles ciudadanos, docentes y representantes del sector productivo, quienes han participado en movilizaciones previas. Algunos señalaron que la violencia ha impactado no solo en la tranquilidad de las familias, sino también en la actividad económica, con negocios afectados y pérdida de empleos.
La música de banda y la llegada constante de más personas con alimentos contrastaban con el tono de las conversaciones: críticas al desempeño de las autoridades, cuestionamientos sobre las investigaciones en curso y llamados a no normalizar la violencia.
Para los organizadores, la intención fue generar un espacio distinto de manifestación, donde la convivencia sirviera también como vehículo para visibilizar el descontento social y fomentar la participación ciudadana.
Con el paso de las horas, la “carnita asada” se consolidó como algo más que una reunión: un reflejo del momento que vive Culiacán, donde la ciudadanía busca nuevas formas de organizarse y hacerse escuchar ante la incertidumbre política y la persistente inseguridad.






