Navolato, Sinaloa; a 01 de octubre de 2026.- La amenaza no terminó con el paso del huracán Polo. En la comunidad de Tetuán Nuevo, familias continúan viviendo momentos de angustia por el constante aumento de la marea, que en cuestión de minutos puede volver a introducir el agua a sus hogares.
Las recientes entradas del mar han dejado daños en muebles y electrodomésticos. Bases de camas quedaron mojadas, mientras refrigeradores, lavadoras y otros aparatos resultaron afectados. Para algunas familias, son pérdidas difíciles de recuperar.
Entre quienes enfrentan esta situación se encuentra José Monzón Rubio, un adulto mayor que vive solo en una vivienda humilde. El agua entró rápidamente a su casa y alcanzó un nivel cercano a sus rodillas. La velocidad con la que avanzó la marea prácticamente no le permitió poner a salvo sus pertenencias.
Durante horas, José intentó sacar el agua de su hogar. Algunas cosas lograron salvarse, pero otras quedaron dañadas. Uno de sus aparatos dejó de funcionar después de quedar alcanzado por la inundación.
La noche fue larga. José permaneció dentro de su vivienda y encontró alivio únicamente en que el agua no alcanzó la parte superior de su cama. Cerca de él, una veladora encendida reflejaba también la esperanza a la que se aferró durante los momentos de mayor incertidumbre.
En medio de la oscuridad pidió que el temporal se calmara y que el agua dejara de avanzar.
José asegura que desde los efectos de Polo la situación se ha repetido. Aunque el ciclón ya se encuentra lejos, el comportamiento del mar continúa generando preocupación entre habitantes de esta comunidad pesquera.
A pesar de las pérdidas y de vivir solo, el adulto mayor permanece en su casa. Su familia se encuentra cerca, pero asegura que todo ocurrió tan rápido que hubo poco tiempo para reaccionar.
Autoridades ya han acudido a la zona y comenzaron a entregar algunos apoyos; sin embargo, para José y otras familias de Tetuán Nuevo, la principal preocupación continúa siendo la misma: que el mar vuelva a crecer y entre nuevamente a sus hogares.
Mientras la marea siga sin dar tregua, cada noche se convierte en una nueva espera para quienes viven prácticamente frente al agua, cuidando lo poco que pudieron rescatar y esperando que el mar finalmente les permita recuperar la tranquilidad.







